“AFILANDO EL HACHA” – PROPOSITOS – OBJETIVOS.
En el libro “Nacimos para Triunfar”, de Su Divina Gracia, SWAMI GURU DEVANAND SARASWATI JI MAHARAJ, el Maestro cuenta la siguiente anécdota:
“Dos leñadores trabajaban en el mismo bosque cortando árboles. Los troncos eran enormes, pesados y duros. Ambos leñadores usaban sus hachas con idéntica destreza, pero con una técnica distinta: el primero golpeaba el árbol con increíble constancia, golpe tras golpe, sin detenerse, a no ser pocos segundos para recobrar el aliento. El segundo leñador hacía una discreta pausa cada hora de trabajo.
Al atardecer, el primer leñador iba a la mitad de su árbol. Había sudado sangre y lágrimas y no resistía ni cinco minutos más. El segundo había llegado al final de su tronco. ¡Habían empezado al mismo tiempo y los dos árboles eran iguales!
El primer leñador no podía creer lo que veía.
-¡No lo entiendo! ¿Cómo has avanzado tan rápido si hacías una pausa cada hora?
El otro sonrió:
-Viste que me detenía cada hora. Pero lo que no viste es que aprovechaba cada pausa para afilar mi hacha”….
Cuando leímos esta historia mi hermana María y yo, se convirtió en un decir, cada vez que elaborábamos una nueva meta, teníamos que preparar algún evento, charla, salir al teatro nacional, ir de vacaciones, comprar algún objeto valioso, nos hacíamos la pregunta: te detuviste a afilar el hacha ??
En la vida nos suceden eventos diarios…rutinarios, es la vida misma, el levantarse cumplir con los detalles de acicalamiento propio y apoyo a los hijos para partir hacia los respectivos centros de estudio y de trabajo…
En la tarde vuelta a casa (dichosos los que pueden ir al medio dia), a ocuparnos de las tareas de los hijos, poner las cuentas al día, la cena, noticiario, película o programa entretenido y a la cama para al día siguiente empezar de nuevo…
Muchos trabajamos sin descanso, hablamos, comemos, andamos, manejamos, hacemos el amor tan rápido, que apenas lo disfrutamos de todas aquellas maravillas que tenemos a nuestro alrededor, y que dicho sea de paso, SON GRATIS.
Las excusas para no parar sobreabundan: la situación esta difícil, el dinero no rinde, si no trabajo me echaran a la calle, el trabajo ennoblece, tengo muchas necesidades personales, la familia exige mucho, etc…
Otros se manifiestan como el negrito del batey: “el trabajo para mí es un enemigo, el trabajar se lo dejo todo al buey”…desperdician su valiosa vida tal y como si fuesen pichones…con la boca abierta esperando que otros les llenen el estomago…
Existe otro grupo que asisten a su trabajo notablemente desanimados…asimismo viven contando el tiempo que les queda allí, enviando mensajes por el BB, metidos en facebook o en internet, los he visto hasta recostados en los escritorios, hacen su trabajo a medias: mal servicio al cliente, los papeles, la basura, el desorden se acumula a su alrededor porque ese “no es mi trabajo”, así, reciben un salario gubernamental regularmente, y vemos en la prensa en el mes de septiembre como el presidente de la república anuncia que los objetivos del mileno NO fueron logrados y que no se debía solamente al tema económico…a un tema que se llama dejadez, displicencia.
Por supuesto, que hay un gran número de personas que logra sus metas, sus objetivos…algunos a medias…solo logros económicos…o solo logros espirituales…o solamente familiares…
Tenemos polarizadas estas situaciones…o trabajamos en demasía…sin descanso, llevamos trabajo a casa, fines de semana, no toman vacaciones…o cobro sin trabajar (botellas, relaciones, conexiones con funcionarios)…o no trabajo, que me mantengan mis padres, mujer, hermanos que viven en el extranjero. Detrás de todas estas actitudes, hay un monstruo negro que se yergue y cubre a la gran mayoría como una sombra: la falta de motivación.
Motivación (de Latín movere, mover) designa en psicología, en etología y en otras ciencias humanas la condición del organismo que influencia la dirección (orientación para un objetivo) del comportamiento. En otros términos es el impulso interno que lleva a la acción. Así la principal cuestión de la psicología de la motivación es “por qué el individuo se comporta de la manera como él lo hace?” (Rudolph, 2003).
Asi, la conducta motivada se convierte en una serie de procesos individuales que estimula una conducta para beneficio propio, colectivo o laboral, con un común denominador: el deseo de alcanzar nuestras metas secretas y explicitas.
Cuando este tema de la motivación llega a consulta, lo primero a investigar es porque desea cambiar esta conducta y cuáles son las energías con que cuenta para ello… aunque el deseo de cambiar sea inmenso, si la energía que esa persona tiene disponible para el cambio se agota, difícilmente lo logre…ahí entran a participar las destrezas del terapeuta: esforzarnos en que ese caudal de energía crezca y se mantenga hasta que la meta sea cumplida…en este momento, consultante y terapeuta nos detenemos a afilar el hacha.
Las personas pueden ser motivadas al cambio por creencias religiosas, necesidades, intereses, miedos, valores, y por supuesto, por amor, internamente tiene la percepción, la certeza de que si cambia aquí o allá, corrige tal o cual actitud, tendrá otras recompensas en el trabajo, abundancia espiritual, relación de pareja, buena relación con la familia, excelente relación laboral, abundancia financiera.
El trabajo en equipo (T + C) debe estructurar el tiempo de tal manera que este se distribuya adecuadamente entre las metas que el consultante se fije, que se le asigne el orden de prioridad que cada una requiere y se elaboren las estrategias de seguimiento, día por día, y como cada día trae su propio afán…hay que detenerse a afilar el hacha para reagrupar nuevas estrategias, procurar que cada paso que dé me lleve hacia el camino correcto.
A la víspera de un nuevo año, con metas por concluir, otras nuevas a realizar, quiero compartir con ustedes la frase que con respecto a esto acuño Abraham Lincoln:
“SI ME DIERAN 8 HORAS PARA CORTAR UN ARBOL, ME PASARIA 6 AFILANDO EL HACHA…”


